LA
ALFORJA
Ante mí se presente todo el
que respiró en la naturaleza – júpiter dijo un día – Con libertad se explique,
cuanto quisiere diga el que hubiese encontrado defectos en su misma
composición, yo ofrezco dar remedio a sus cuitas. Ven simio, y tus razones
expón primero. Mira de todos esos brutos las bellezas: combina con sus gracias
la tuya, porque quiero que me digas si vives satisfecho.
- ¡yo! ¿pues por qué no había
de estarlo? – dijo el simio-. ¿por ventura tan lindas cuatro patas no tengo
como cualquiera? Un día que me mire al espejo halle que no podían hacharme nada
en cara. Lo que me causa risa es el oso, mi hermano, ¡que feo! No se haría, si
quisiera creerme, retratar en su vida.
Vino después el oso, y se
creyó que iría a dar alguna queja. Nada menos su fina figura alabo mucho.
Gloso con altanería sobre los
elefantes diciendo; -que estarían sus orejas y sus colas mejor distribuidas,
añadiéndole a estas la demasía en aquellas notadas, que era muy excesiva y sin
belleza alguna su mole-
Se aproxima a esto el
elefante, y publica mil faitas de los otros animales.
Dijo que no podía tolerar a la
ballena porque era muy crecida.
Compareció orgullosa al conclave
la hormiga criticando lo chica del arador: ¡creía ser un monte a su lado!
El dios júpiter –vista la
censura de todos, unas a otras se habían hecho ya-despidiólos pagados de sus
lindas formas, y muy contentos.
Pero entra la gavilla de los más
insensatos, nuestra espacie domina. Porque unas linces en notar la más chica
tacha en nuestros iguales somos para advertirlas en nosotros tan topos que
hacemos guerra viva a los demás por ellas, cuando las nuestras dignas de perdón
nos parezcan.
A su prójimo mira cada cual
con distintos ojos que así caminan con una alforja al hombro los humanos, y
aplican la parte de la espalda para guardar sus mismas faltas, y las ajenas las
llevan a la vista en la parte contraria ¿tanto así se alucinan!
FIN.
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